Noviembre 17th, 2008Editorial Todo Pocket PC: Estresados.
El estrés, esa enfermedad que hoy día raramente haya alguien que no padezca. Llámase estresadas aquellas personas cuya carga de responsabilidades sea tal que impida llevarlas a cabo con normalidad, provocando fatiga y ansiedad. Podría decirse también de aquel estado al que llegan muchas personas provocado no por la carga de responsabilidades, sino por su ineptitud o desidia para llevarlas a cabo. Sea como sea, el estrés ha sido catalogado como enfermedad moderna, que afecta sobretodo al entorno laboral provocando bajas entre los empleados y sentencias en los Tribunales que confirman que no son inventos del TBO.
Conozco a un comercial que es muy majo. Cuando está de visita en mi localidad suele venir a verme no para vender, sino para ir a tomar un café juntos y charlar de temas intranscendentes. Es un chaval de 30 y pocos, con muy buen gusto para vestirse. Calzado italiano, traje de Antonio Miró, gemelos, reloj a juego y un pelo engominado cuyos reflejos se avistan desde lo alto de la iglesia. Es de los que llevan dos teléfonos móviles. Cuando lo llaman, sale inmediatamente de la cafetería para evitar el ruido ambiente de las tragaperras. Se pone tieso como una escoba, acompaña al teléfono a la oreja, avanza una pierna más que la otra, se mete la otra mano en el bolsillo echa un poco la cabeza atrás y pierde la vista en el cielo infinito. Puede estarse en esta posición una hora, todo depende lo que dure la llamada. No es un maleducado. Su oficina es el móvil y sus atuendos el escaparate. Así que lo acepto y espero que vuelva mientras leo el periódico.
Madre mía que estrés, esto no es vida. Te lo juro, eh, estoy por tirar el móvil al wáter. No hay día que no surjan complicaciones. Ahora tengo que coger el coche e irme a Tarragona, a apagar un fuego. Hay uno cabreado y no veas, tengo que ir si o si. Como me gustaría vivir como antes, sin teléfonos móviles ni nada de eso. De verdad, eh, estoy estresado que se caga la perra. Para decirme todo eso pienso que hubiera sido mejor que él hubiera seguido con su llamada y yo con el periódico. Pero como no es así y como sé perfectamente cómo se vivía antes, empiezo un largo monólogo que como buen comercial, aguanta de principio a fin.
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Conozco a un comercial que es muy majo. Cuando está de visita en mi localidad suele venir a verme no para vender, sino para ir a tomar un café juntos y charlar de temas intranscendentes. Es un chaval de 30 y pocos, con muy buen gusto para vestirse. Calzado italiano, traje de Antonio Miró, gemelos, reloj a juego y un pelo engominado cuyos reflejos se avistan desde lo alto de la iglesia. Es de los que llevan dos teléfonos móviles. Cuando lo llaman, sale inmediatamente de la cafetería para evitar el ruido ambiente de las tragaperras. Se pone tieso como una escoba, acompaña al teléfono a la oreja, avanza una pierna más que la otra, se mete la otra mano en el bolsillo echa un poco la cabeza atrás y pierde la vista en el cielo infinito. Puede estarse en esta posición una hora, todo depende lo que dure la llamada. No es un maleducado. Su oficina es el móvil y sus atuendos el escaparate. Así que lo acepto y espero que vuelva mientras leo el periódico.
Madre mía que estrés, esto no es vida. Te lo juro, eh, estoy por tirar el móvil al wáter. No hay día que no surjan complicaciones. Ahora tengo que coger el coche e irme a Tarragona, a apagar un fuego. Hay uno cabreado y no veas, tengo que ir si o si. Como me gustaría vivir como antes, sin teléfonos móviles ni nada de eso. De verdad, eh, estoy estresado que se caga la perra. Para decirme todo eso pienso que hubiera sido mejor que él hubiera seguido con su llamada y yo con el periódico. Pero como no es así y como sé perfectamente cómo se vivía antes, empiezo un largo monólogo que como buen comercial, aguanta de principio a fin.
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