Mayo 31st, 2008Editorial Todo Pocket PC: 300 gramos de música.
Lo que la mayoría entendemos como música ha dejado de ser un bien cultural para convertirse en un subproducto comercial del que viven cantidades ingentes de personas sin talento alguno. No hay que ser muy lumbreras para darse cuenta de esto, tan sólo es necesario sintonizar cualquier radio de esas que se pasan el día repitiendo machaconamente los pseudo-éxitos del momento para constatar que el nivel musical de la mayoría de los más famosos intérpretes está por los suelos, salvo contadas y sorprendentes excepciones que se apartan de los círculos comerciales y que ayudan a no perder del todo la fe en este preciado arte. A la industria musical parece no quitarle mucho sueño la calidad de sus productos y lleva tiempo preocupada única y exclusivamente en la inminente desaparición de su sistema de distribución tradicional siendo sustituido por otros mucho más acordes con nuestro tiempo, o en cazar a usuarios de redes P2P de todas las edades para meterles el miedo en el cuerpo por la presunta ilegalidad de sus acciones.
El público en general debería recapacitar un poco. Probablemente estemos más tiempo del necesario debatiendo e indignándonos con las entidades gestoras de derechos de autor, sin darnos cuenta que un problema igual de grande al canon digital pueda ser la baja calidad del producto que estemos adquiriendo, o mejor dicho, que nos están vendiendo. Y por último, los medios de comunicación, especialmente la televisión. Lejos de buscar la calidad interpretativa, la práctica totalidad de ellos tienen como principales objetivos la creación de figuras mediáticas que a base de sacarlas constantemente en antena puedan ser colocadas en las más altas cimas de la gloria. Otra meta de las televisiones es que sus espectadores descarguen en forma de politono las más aberrantes melodías de los grupos de moda, fomentándolas repetidamente y sin piedad en todos y cada uno de los programas de la parrilla, actividad que dicho sea de paso, se ha demostrado desde hace meses como altamente lucrativa para quienes la practican, bastante más que la venta directamente del CD. Pero la desfachatez no acaba ahí, ya que cuando llegue el verano se encargarán de incluir todos esos tonos en el MegaMixMaster 56, promocionándolo de nuevo para que la audiencia adquiera un producto que realmente debería regalarse con la compra de un pack de cuatro yogures con sabor a plátano.
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El público en general debería recapacitar un poco. Probablemente estemos más tiempo del necesario debatiendo e indignándonos con las entidades gestoras de derechos de autor, sin darnos cuenta que un problema igual de grande al canon digital pueda ser la baja calidad del producto que estemos adquiriendo, o mejor dicho, que nos están vendiendo. Y por último, los medios de comunicación, especialmente la televisión. Lejos de buscar la calidad interpretativa, la práctica totalidad de ellos tienen como principales objetivos la creación de figuras mediáticas que a base de sacarlas constantemente en antena puedan ser colocadas en las más altas cimas de la gloria. Otra meta de las televisiones es que sus espectadores descarguen en forma de politono las más aberrantes melodías de los grupos de moda, fomentándolas repetidamente y sin piedad en todos y cada uno de los programas de la parrilla, actividad que dicho sea de paso, se ha demostrado desde hace meses como altamente lucrativa para quienes la practican, bastante más que la venta directamente del CD. Pero la desfachatez no acaba ahí, ya que cuando llegue el verano se encargarán de incluir todos esos tonos en el MegaMixMaster 56, promocionándolo de nuevo para que la audiencia adquiera un producto que realmente debería regalarse con la compra de un pack de cuatro yogures con sabor a plátano.
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