Tengo la costumbre de ponerme a pensar sobre productos o conceptos cuyo valor (tanto comercial como cualitativo) evoluciona con el tiempo de manera extrema. Como por ejemplo cosas que siempre hemos conseguido gratis o casi sin esfuerzo y que luego pagamos por ellas. Me interesa más elucubrar sobre futuros candidatos al galardón “lo que antes era gratis ahora se paga”.

No me refiero a antigüedades. Hablo de cosas como la intimidad o la privacidad, que estoy seguro que en el futuro gastaremos mucho dinero por disponer de ellas, las comisiones de los bancos, un caso de algo que será gratis y ahora es escandaloso, popularidad en Internet, las venturas y desventuras del PageRank™ [en], o el agua. Leí hace tiempo un artículo sobre el agua embotellada [en] que dice que los americanos gastaron más dinero el pasado año en agua embotellada que en iPods o entradas de cine.

Agua embotellada

Podemos llegar a pagar hasta 4 veces el precio de la gasolina por un producto que siempre hemos tenido, y podemos aún obtener gratis, desde el grifo de nuestras casas. Bebemos más agua embotellada que leche, café o cerveza. Solamente las bebidas carbonadas son más populares que el agua.

Compramos agua embotellada porque creemos que es sana. Por supuesto que lo es, pero no más segura o sana que el agua del grifo. Exceptuando algunos casos extraños, el agua del grifo de un país acostumbra a ser asombrosamente segura. Se monitoriza constantemente y se publican los resultados de las pruebas. Podemos llegar a pagar 1 € por medio litro de agua Evian, aceptando a pagar un recargo (por la convicción de que es sana) del que no somos conscientes. Puede parecer barato, pero solamente porque no estamos prestando atención.

En San Francisco, el agua municipal proviene del interior del Parque Nacional de Yosemite. Es tan buena, que la EPA no requiere que San Francisco la filtre. Si comprásemos una botella de medio litro de agua Evian, podríamos rellenarla una vez al día durante 10 años, 5 meses y 21 días con el agua del grifo de San Francisco hasta que ese agua costara 1 €. Visto de otro modo, si el agua que usamos en casa costara lo mismo que lo que cuestan las “económicas” botellas de agua, nuestra factura mensual de agua alcanzaría los 9.000 €.

Las dos primeras marcas que se distribuyen el mercado del agua embotellada en Estados Unidos son Pepsi con Aquafina y Dasani de CocaCola. Son simplemente agua municipal purificada. Así que la mayor parte del agua embotellada que se bebe en USA es agua del grifo reempaquetada por CocaCola y Pepsi para nuestra comodidad. Todo esto acompañado de una nueva legión de aguas (que no son aguas realmente) y que intentar hacer el agua “mejor”: agua de sabores, aguas con O2, etc.

Como vemos, gastamos mucho dinero en algo que siempre hemos conseguido “gratis” (si es que todavía se puede pedir un vaso de agua en un restaurante). Pero ¿qué pasa cuando una industria entera crece sobre el suministro de algo que no necesitamos?

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