La productora Bcn-Tv está preparando un nuevo programa para TVE de anécdotas e historias de toda clase:
Coincidencias, casualidades, historias increíbles,etc.
Y de cualquier género: amor, familia, amistad, laboral, etc.
Estas historias deben estar basadas en vivencias personales, hechos de aquellos que ocurren y luego sirven para comentar y recordar en las reuniones familiares o con los amigos y compañeros.
Para ello les urge la colaboración de todos nosotros y por este motivo se han puesto en contacto conmigo.
Necesitan que aquellos que tengáis algo peculiar que contar, que os ha sucedido tanto a vosotros como a alguien que conozcáis, se lo hagáis llegar a través de un correo electrónico.
Da igual que sea una historia de risa, misterio o un drama… lo importante es que sea una anécdota que haga desear escuchar el final, de esas que dejan a uno boquiabierto.
Los únicos requisitos son que el hecho sea totalmente real y que su protagonista esté localizable para explicarlo.
Ya sabéis, si tenéis algo sorprendente que explicar es vuestra oportunidad.
Podéis enviar vuestras anécdotas e historias a: anecdotari@bcn-tv.com

Me han hecho llegar un par de historias a modo de ejemplo:

A UN PASO DE LA TRAGEDIA
Como cada viernes, mi marido fue al trabajo en trasporte público y me dejó el coche para hacer la compra. Recogí a los cuatro niños en el colegio (tres míos y la hija de una amiga) y directamente nos fuimos hacia el supermercado. A medio camino, el alboroto en el asiento de atrás era insoportable y pensé en cómo sería hacer la compra con ellos en un gran hipermercado. Decidí que podría comprar en el pueblo donde pasábamos el fin de semana y di media vuelta. Poco después de llegar a casa empezó a sonar el teléfono: mi marido, mi madre, amigas… Todos preguntaban si estábamos bien. Era el 19 de junio de 1987 y el centro al que en un principio me dirigía era el HIPERCOR de Barcelona. Si no hubiera dado media vuelta, a las cuatro y diez minutos habríamos estado en el parking.
La hora y el lugar en que estalló la bomba colocada por ETA.
Pilar T. Barcelona

MADRES E HIJAS
Nuestras hijas tenían 6 años, iban a la misma clase y se hicieron amigas. Por extensión, nosotras, las madres, también. Con el tiempo, descubrimos que nuestras vidas estaban llenas de las mismas casualidades. Carmen y yo proveníamos del interior y habíamos estado casadas con dos hombres que enfermaron gravemente de riñón. No tuvimos hijos. Tras la ausencia de nuestros respectivos cónyuges, habíamos rehecho nuestras respectivas vidas en la misma ciudad de la costa. Nuestros actuales maridos eran mucho más jóvenes que nosotras, nos habíamos quedado embarazadas pasados los cuarenta y dimos a luz a las niñas en la misma clínica, en el mes de agosto y por cesárea. ¿Se pueden dar más casualidades en dos personas que no se conocían de antemano?
Por supuesto, nuestra amistad dura y la de nuestras hijas también.
María Teresa R. Alicante